Inflamaciones en su boca y Covid-19


Inflamaciones en su boca y Covid-19


Dra. Paulina Cabrera Ogalde Cirujano- Dentista 

Cirujano- Dentista, Endodoncista, Periodoncia general e implantología, diplomada en Medicina biorreguladora, Manejo sistémico de síndrome metabólico, Nutrición ortomolecular, Medicinas complementarias para la odontología, Docente y conferencista.

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Casi el 100% de la población en el mundo ha tenido al menos una caries en su vida.

La caries es una enfermedad inflamatoria crónica asociada a bacterias al igual que un número importante de enfermedades de las encías, llamadas enfermedades periodontales. Es la enfermedad crónica más extendida en el mundo.

 El 30% de los adultos mayores entre 65 y 74 años ya perdieron toda su dentadura principalmente a causa de la enfermedad periodontal. Si bien la prevalencia de las enfermedades de las encías desde una gingivitis simple a periodontitis severa es abrumadora en todo el planeta, entre el 10 y el 15% de toda la población alrededor del mundo termina en la forma severa (movilidad dentaria, halitosis, pérdida de dientes, bacteremias transitorias, supuración crónica silenciosa por años, etc). La periodontitis está muchas veces vinculada a la resistencia a la insulina y a Diabetes Mellitus 2 (DM2), enfermedades cardiovasculares, respiratorias y complicaciones durante el embarazo, entre otras.


Las enfermedades de la boca continúan quedando restringidas al mundo de la odontología, a la sombra de la medicina; sin embargo, es imposible separar la condición sistémica (salud general) respecto de las enfermedades de la boca. La odontología logró un importante desarrollo basándose en la premisa de las bacterias como las grandes causantes de estas dos enfermedades crónicas de la boca. Sin embargo, la odontología basada en la evidencia científica y en particular la Periodoncia, han puesto sobre el tapete el rol que juega el sistema inmunológico y la capacidad de respuesta inflamatoria del hospedero en cuanto a la gravedad y envergadura de la destrucción de los tejidos involucrados.

La Periodoncia como especialidad ha dado un gran salto en estos 25 últimos años, dando a luz una nueva clasificación de las enfermedades periodontales, donde se consideran las “periodontitis de origen no infeccioso”. Es la primera vez que se plasma en una clasificación la existencia de un tipo de gingivitis y de periodontitis de origen sistémico no vinculadas a bacterias dentro de sus causas. Un gran punto de partida, que si bien por ahora concentra sus mayores esfuerzos en el diagnóstico como guía para el tratamiento local, sin hacer propuestas clínicas concretas para tratar la inflamación sistémica asociada a ellas, no da tregua en marcar el énfasis de la asociación que existe entre ciertas enfermedades sistémicas crónicas y las periodontitis. Como también la relación que existe entre una larga lista de fármacos (muchos de los cuales se utilizan en enfermedades crónicas del espectro del síndrome metabólico) y determinadas periodontopatías.

Este artículo pretende poner énfasis en el aspecto inflamatorio de las enfermedades de las encías y su desconocido aporte a la inflamación sistémica silenciosa, factor que influye negativamente en enfermedades sistémicas crónicas que no es abordado por la medicina, transformándose en un gran francotirador silencioso que muchas veces sabotea tratamientos médicos, sin que el especialista lo sepa. Dicho esto, podemos tomar acciones individuales simples respecto de la salud de las encías y la salud general, en particular medidas puntuales en el contexto del Cov-19, ya que los factores de riesgo en cuanto a la gravedad de la enfermedad, hacen referencia a las enfermedades de base que tienen los pacientes y su estado inflamatorio e inmunológico previo.

La inflamación 

La inflamación aguda es un mecanismo a través del cual el organismo enciende las alarmas del sistema inmunológico, tiene signos visibles y promueve la reparación de los tejidos dañados. La inflamación es buena y es necesario que ocurra.

Pero hemos aprendido erróneamente que la inflamación es algo anómalo que debemos combatir. Recurrimos fácilmente al antiinflamatorio y lo peor, confundimos la inflamación aguda y la inflamación crónica, siendo ambas muy diferentes en sus manifestaciones y tratamientos. La inflamación aguda tiene un principio y un fin y promueve reparación. La inflamación crónica: sucede cuando la inflamación aguda no se resuelve, es prolongada en el tiempo incluso puede durar toda la vida, no promueve la reparación de los tejidos sino que al contrario promueve la degradación lenta y sostenida de éstos o la fibrosis. Por lo general es asintomática hasta que el daño promueve dolor y/o disfuncionalidad.


  • La inflamación es un mecanismo vital.
  • Le permite al cuerpo desencadenar una respuesta inmunológica si está asociada a la entrada de microorganismos o sustancias químicas tóxicas al cuerpo.
  • Conduce a la reparación.
  • Es limitada en el tiempo.

La inflamación aguda y la crónica tienen mecanismos muy diferentes y deberían tener también tratamientos distintos. La aguda se puede autorregular con la ayuda de hábitos saludables, dieta antiinflamatoria y detoxificante, suplementos alimenticios en ocasiones y a veces medicamentos dependiendo de le envergadura.

Todas las enfermedades crónicas tienen en su base inflamación silenciosa. Es decir, la respuesta inflamatoria nunca logró reparar los tejidos y éstos se fueron deteriorando.  Y la posibilidad de revertir o detener el deterioro físico y/mental (si es que el tejido dañado es el cerebro) depende en términos generales en cuál etapa de esa enfermedad crónica se aborden los cambios y de cuán bloqueados estén los sistemas autorreguladores del cuerpo para repararlos y ponerlos en marcha para ir limitando la polifarmacia a un mínimo de medicamentos.


  • Inflamación aguda: aparece por lo general inmediatamente después del evento agresor que suele ser definido, es transitoria, acotada en el tiempo y termina con la reparación o la cicatrización.

  • Inflamación crónica: sucede cuando la inflamación aguda no se resuelve, es prolongada en el tiempo incluso puede durar toda la vida, no promueve la reparación de los tejidos, al contrario promueve la degradación lenta y sostenida de éstos o la fibrosis. Por lo general es asintomática hasta que el daño promueve dolor y/o disfuncionalidad.

En la inflamación crónica existe una nebulosa de variables agresoras que no siempre se pueden definir y se pierden en el tiempo y en el desconocimiento de los mecanismos que integran las redes biológicas involucradas en la complejidad de cada enfermedad. Muchas veces se le otorgan condiciones de alta patogenicidad a las bacterias involucradas en la enfermedad o una responsabilidad enorme a la “predisposición genética”; sin embargo, es el estado nutricional deficiente asociado a la inflamación sistémica silenciosa el que propicia el desarrollo de ciertos microorganismos que, en condiciones normales autolimitan su número y no hacen daño. Se vuelven patógenas porque el medio se los permite. Así, se adoptan medidas tales como indicar antibióticos en bajas dosis por períodos prolongados, antiinflamatorios, muchas veces además analgésicos, estabilizadores del ánimo por la ansiedad o depresión que provoca el dolor crónico, además de los hipoglicemiantes, antiácidos y las estatinas que generalmente se utilizan desde muchos años antes que la enfermedad crónica esté instalara. Todo eso en vez de comprender que si desde el inicio hubiéramos cambiado nuestros hábitos alimenticios, calidad de vida, calidad del aire, de sueño, estado físico y nuestra emocionalidad, habríamos detenido a tiempo los bloqueos metabólicos originales que posteriormente derivaron en la enfermedad y la limitación física del caso.

¿La boca puede tener también enfermedades crónicas?

Por supuesto.

Las caries y las enfermedades de las encías (periodontopatías) son las más comunes, provocan dolor, gastos en salud familiar y pública en todo el mundo, motivo de ausentismo laboral importante y lo que es peor, influyen negativamente en la salud general, tanto como una mala salud general puede empeorar estas enfermedades de la boca.

¿Qué son la gingivitis y periodontitis?

Existen gingivitis con características muy particulares, pero nos vamos a referir a las más comunes por todos conocidas. La gingivitis es simplemente la inflamación de las encías. Puede ser aguda o crónica. Es aguda cuando dura unos pocos días y suele ser más bien localizada en algunos sectores solamente.

Es crónica cuando se perpetúa en el tiempo y en general cuando es crónica tiende a ser generalizada.

La gingivitis crónica por sí sola produce mediadores químicos inflamatorios que circulan en la sangre y contribuyen a empeorar cuadros crónicos de otras enfermedades como DM2, enfermedades cardiovasculares, entre las más estudiadas. Si no es tratada, tiene grandes probabilidades de transformarse en una enfermedad más grave y destructiva que es la periodontitis.

La periodontitis que antiguamente se llamaba “piorrea”, cursa con destrucción de los tejidos que anclan el diente al hueso. En fases avanzadas, los dientes se sueltan y terminan perdiéndose. Es una enfermedad silenciosa, suele diagnosticarse tardíamente. En este sentido la nueva clasificación de las periodontopatías apunta a contribuir al diagnóstico y tratamiento en forma temprana de ellas. Lo más relevante de las periodontopatías en el contexto de la pandemia que estamos viviendo, es que ellas contribuyen desfavorable y silenciosamente, al estado de salud inicial de las personas. El daño que le hacen al organismo entero no es visible para el mundo de la medicina, por lo tanto, no se les considera como factor de riesgo. Lo que es grave y lamentable porque aportan citoquinas inflamatorias (moléculas que favorecen la inflamación y la destrucción de los tejidos) a todo el organismo y en la enfermedad que estamos viviendo, aportan grandes cantidades  de estas moléculas a la “tormenta de citoquinas” descrita en los casos graves de Cov-19, cuando se trata de la periodontitis severa (antes llamada agresiva).

Existen numerosos estudios que demuestran, por ejemplo, la relación entre el estado periodontal de los pacientes con patologías crónicas pulmonares y la incidencia de neumonías en ellos. Es más alto el número de adultos mayores que desarrollan neumonías cuando tienen periodontopatías no tratadas que cuando tienen periodonto sano.

¿La gingivitis y la periodontitis son infecciosas y/contagiosas?

Ambas tienen asociadas el desequilibrio de la flora bactriana normal llamada microbiota. No en todos los casos las bacterias son las causantes, en algunas los medicamentos las propician (pero no las producen) y en otras una condición del cuerpo las produce, habiendo buena higiene dental.

La flora patógena asociada a ellas puede contagiarse dentro de la familia o contactos cercanos, lo que no significa que se vaya a desarrollar la enfermedad.

¿De qué depende que yo desarrolle esas enfermedades si en mi familia alguien las tiene?

Depende de mi higiene, de mi estado de salud general, de mi estado nutricional, de si tengo una polifarmacia en velador o la cartera.

 

¿Cómo puedo estar a salvo si tengo un pariente con esas enfermedades?

Es extenso, lo abordaremos en otro artículo, pero en un gran porcentaje puedo prevenirlo con una buena alimentación, buen estado nutricional asociados a un intestino sano y boca sana con todos sus dientes.

¿Tienen algo que ver la salud de mis dientes y mis encías en la envergadura del desarrollo de la enfermedad por SARS Cov-19?

Sin duda alguna, aunque no se hable de ello en los medios de comunicación ni en las publicaciones científicas médicas. Y eso se debe a que la medicina y la odontología viven aún bajo el paradigma que los dientes les pertenecen a los odontólogos y el resto del cuerpo al equipo médico (donde están nutricionistas, médicos de todas las especialidades, nutriólogos, enfermeras, químico-farmacéuticos, kinesiólogos, etc). Se conoce hace más de 20 años la interdependencia negativa que tienen las enfermedades crónicas de la boca con el resto del organismo, especialmente en cuanto al aporte que hacen en citoquinas inflamatorias en forma crónica.

Gingivitis, periodontitis y dosis infecciosa del virus Cov-19

Antes que el sistema inmunológico entre en acción frente a un microorganismo o un virus como el actual, primero éstos deben pasar una barrera física que son las mucosas. Esta barrera consiste en una capa de epitelio especializado con diferentes características según su ubicación con una capa de mucus producido por ellas en la cual se aloja la microbiota que debe estar sana, ser variada y equilibrada en su composición.

La boca, que es la entrada al sistema digestivo y al respiratorio, posee entre muchas otras, la función de barrera físico-biológica frente a los patógenos ambientales. Para ser eficiente esta barrera debe mantenerse en salud. Hay numerosos alimentos y nutrientes que son necesarios, además de la Vit C que las mantienen sanas, tales como la Vit D, Vit A, algunas vitaminas del complejo B, minerales como el Zinc, Selenio y otros. Cuando las encías están inflamadas y sangran se vuelven PERMEABLES, es decir, pierden su función de primera barrera y permiten la entrada de bacterias, virus, hongos y proteínas de gran tamaño directo al torrente sanguíneo. Cuando una persona tiene periodontitis, tiene períodos intermitentes durante los cuales una secreción purulenta periodontal se mezcla con la saliva que traga con los alimentos y cada vez que come y se cepilla los dientes, se le produce en la sangre una invasión bacteriana transitoria llamada bacteremia transitoria, que el cuerpo logra contrarrestar y no sufre sepsis por ello. Pero es una enfermedad que “alimenta” la propia inflamación crónica silenciosa.

¿Qué tiene que ver esto con el COV-19?

Vamos a explicar primero qué es la dosis infecciosa del virus: es la cantidad del virus a la que estamos expuestos al principio de la infección. Vale decir, si estamos en un lugar de aglomeración con muchas personas infectadas al mismo tiempo. Nos veremos expuestos a una mayor cantidad de virus que si sólo conversamos una sola vez con una persona infectada. Pero también es relevante la frecuencia con la que nos exponemos al virus, aunque sea a una dosis baja cada vez. Todo eso nos habla de la cantidad y frecuencia de exposición. Pero de ninguna manera podemos medir la patogenicidad del virus sólo por la cantidad y frecuencia. Hay otra variable que es el estado de salud inicial, es decir, el estado del sistema inmunológico, la respuesta inflamatoria y el estado nutricional. Pero, relacionado con esos factores, debemos comprender que el estado de salud de la gran primera barrera que son las mucosas, entre ellas, las encías, es fundamental. Cuando respiramos, cuando nos llevamos los alimentos a la boca y masticamos, ponemos a prueba la eficacia de nuestras mucosas.

En cuanto a las encías en particular, dijimos que las encías que sangraban eran encías permeables. Se sabe que al menos el 95% de la población en el mundo, tiene por lo menos un sitio sangrante en sus encías. Debemos comprender que esos sitios sangrantes son como la reja de la casa que carece de La patogenicidad o gravedad del coronavirus está vinculada al menos a:

1- Estado de salud al momento de la infección 

2- Dosis infecciosa del virus 

                                a. Cuidados respecto de distanciamiento físico

                                  b. Barreras físicas (mascarillas, guantes y otros).

                                 c. Lavado de manos permanente 

3- Estado de salud de las mucosas, relevante salud de las encías. 

4- Estado nutricional al momento de la infección 

Si imaginamos que una persona con gingivitis o periodontitis come alimentos contaminados, en este caso con el virus, tendrá muchas más posibilidades de aumentar la dosis infecciosa del virus. O sea, si en un centro de adultos mayores donde hay una manipuladora de alimentos que está infectada asintomática por varios días antes de evidenciar la enfermedad, que no cumple con medidas tremendamente estrictas para evitar el contagio, quiere decir que, durante muchos días, varias veces al día, los adultos mayores que comen esos alimentos, que en su mayoría tienen periodontitis crónica no tratada, se verán expuestos al virus una y otra vez. Y esa puede ser una parte de las razones por las cuales han habido centros de adultos mayores completos en otros países que se han contagiado haciendo una forma severa de la enfermedad. Por eso es tremendamente relevante que los manipuladores de alimentos o la persona que los prepara en la casa, guarde muy estrictas medidas de seguridad e idealmente tenga encías sanas. Como la periodontitis y la gingivitis no son habitualmente diagnosticadas, dichas personas deben usar barreras físicas de alta seguridad que impidan que gotas de saliva, incluso en combinación con sangre y pus en estados avanzados de la periodontitis no diagnosticada, salten a los alimentos, contaminando a otras personas con altas dosis del virus, como ya ha sucedido, no sólo en Chile, en centros de adultos mayores institucionalizados.

En la década de 1890 el Dr. Carl Flügge demostró que, incluso cuando hablamos en voz baja, pequeñas gotas de saliva se nebulizan en el aire, las llamadas “Gotas de Flügge”. Dichas gotas también pueden ser respiratorias y de la nariz, razones por las cuales ya en esa época se determinó la necesidad del uso de las mascarillas para controlar los contagios de microorganismos provenientes de la boca, nariz y sistema respiratorio en general. En la realidad, debería existir una norma internacional en cuanto a que - al menos todas las personas involucradas en tareas de salud vinculadas a cuidados intensivos, pacientes críticos, nacimientos y ambiente quirúrgico, desde arsenaleros, auxiliares, enfermeras y cirujanos- se cautelara el control permanente de la salud periodontal de ellos.

¿Y qué pasa con el cepillo de dientes? 

Es sorprendente que desde el mundo de la odontología al menos, no se haga un llamado internacional respecto del cepillo de dientes de los pacientes infectados por SARS COV-19. El paciente que se declara sano después de haber cursado la enfermedad ¡¡DEBERÍA DETERMINANTEMENTE CAMBIAR SU CEPILLO DE DIENTES!!, como también cada miembro de la familia, por esto del hábito a nivel planetario de mantener en el baño un vasito donde se dejan todos los cepillos de dientes de los miembros de la familia juntos. Hasta aquí, en ningún documento científico ni en medios de comunicación, se ha mostrado el tiempo durante el cual vive el virus en los cepillos de dientes. ¡Y el cepillo de dientes como vector de contagio!

El llamado en cuanto a la salud de las encías es a: 

1- Tener encías y periodonto sano

2- Consultar con el dentista frente a sangramiento de varios días, meses o años

3- Consultar al dentista si hay halitosis (mal olor crónico de la boca), clásico signo de la periodontitis

4- Usar barreras muy eficaces si se manipulan alimentos para personas vulnerables.

5- Revisar el estado nutricional porque las encías son muy sensibles a deficiencias nutricionales de ciertos nutrientes críticos relacionados con el sistema inmunológico.

Resumen

Es necesario comprender

  •  La diferencia entre inflamación aguda y crónica.
  • La aguda se resuelve sola y la crónica requiere de cambios de hábitos.
  • La inflamación crónica no promueve reparación de tejidos y no se sana con antiinflamatorios sino con cambios de hábitos y mejora del estado nutricional.
  • Las mucosas de la boca deben estar tan bien nutridas como las mucosas de los tractos respiratorio y digestivo.
  • La boca tanto como el intestino, no son sucios porque tengan bacterias. La microbiota nos protege si nosotros la protegemos en vez de “desinfectarla”.
  • La microbiota de las diferentes mucosas son parte de la primera barrera de defensa, deben mantenerse sanas.
  • La microbiota de la boca debe considerarse con la misma categoría de cuidado que la del intestino.
  • Las periodontopatías contribuyen a empeorar las enfermedades crónicas porque mantienen mediadores químicos inflamatorios muy dañinos en la sangre.
  • Mantener encías sanas puede marcar una diferencia en el desarrollo de la enfermedad producida por el coronavirus.
  • No olvidar el cepillo de dientes como vector oculto de contagio.